Historia de Lincoln Golf Club

Haciendo Historia

Sabido es que una de las actividades deportivas que ha venido creciendo desde sus inicios en nuestra ciudad es el golf. Este deporte, oriundo de tierras escocesas, también fue traído por los inmigrantes hacia América y Argentina. Se cuenta que primero llegaron los palos y algunas pelotitas, y casi de inmediato la actividad comenzaría a germinar con brillo propio, lenta pero inexorablemente, aún hasta nuestros días. En ese contexto Argentina podría situarse con méritos propios en lugares preponderantes; en este sentido, un granito de arena lo aportaron sin duda instituciones como el Lincoln Golf Club, en un deporte considerado de “alta precisión”, ya que requiere de mucha práctica para lograr precisión, en donde el ritmo y el buen swing son cosas muy difíciles de lograr y mantener en sí mismas. “El Lincoln Golf Club ‘Godofredo Weil’ fue precisamente fundado por esa persona. Era el año 1932 cuando se dio forma a viejas aspiraciones. De inmediato la tarea tenaz y decidida del logro del apoyo de los amantes de la naciente actividad. En ese año y con la colaboración del Municipio de aquel entonces fue aprobado la conformidad para que construyeran los links en el Parque General San Martín”.

“El Lincoln Golf Club ‘Godofredo Weil’ fue precisamente fundado por esa persona. Era el año 1932 cuando se dio forma a viejas aspiraciones. De inmediato la tarea tenaz y decidida del logro del apoyo de los amantes de la naciente actividad. En ese año y con la colaboración del Municipio de aquel entonces fue aprobado la conformidad para que construyeran los links en el Parque General San Martín”. (1) “Los trabajos iniciales estuvieron a cargo del Sr. Oliver Watts, con una rica experiencia traída de otros lugares donde se difundía el Golf. Lamentablemente su obra quedó inconclusa. Falleció mientras realizaba tareas en uno de los greenes, víctima de un síncope cardíaco. La obra quedaría entonces en manos de otro gran cultor del golf, Don Godofredo Weil, nombre con que fue bautizado el club en 1972, en reconocimiento a todo lo que oficialmente realizó”. “Explica el Sr. Freston que la primera cancha fue confiada al Sr. Dantone, uno de los más destacados conocedores en el diseño de canchas de golf. Pertenecía al Mar del Plata Golf Club. En el espacio cedido por la Municipalidad que citamos más arriba, solo pudo construir 6 hoyos con una extensión de 2600 metros que había que recorrer en tres vueltas, para completar los 18 hoyos. Dos años después la cancha se extendió a tres hoyos más, también en el interior del Parque, con lo cual se completaban los nueve hoyos del recorrido. Ahora por dos veces hacían los 18 hoyos en una extensión de 3400 metros, par 60. En 1955 y ante el cambio de las Autoridades Municipales, se pidió el retiro de la cancha de golf, porque se construirían piletas de natación y la confitería. Gran revuelo, pero cundió la sensatez. Nos facilitaron los aledaños de la cancha de polo. El club hizo tres hoyos y prontamente, tres hoyos más. Luego, en los terrenos de la cancha de Polo auxiliar se hicieron 9 hoyos. Era, pues la nueva cancha de Golf. Presidente: Eduardo Iradi; Capitán: Carlos Freston. Colaboradores: Oscar Maruri, Jorge Freston, E. Chappori, R. Eder y varios más”. “Visitaron Lincoln los profesionales Arturo Soto y Manuel Martín, del Ituzaingo Golf Club, los que marcaron la distribución de los tees, fairways y greenes, mientras que la plantación estuvo a cargo del Ing. Agrónomo L. Chiessa. ‘Por fin habíamos logrado asegurarnos una nueva cancha de golf’, dice Freston y agrega: `luego vendría un intendente como Italo Salvia que nos dio un amplio apoyo para continuar la obra emprendida’”. “A partir de 1970, con la presidencia del Dr. José María Cané el golf se popularizó. El cambio contó entre otros en la comisión a A. Dubra, Carlos Guezamburo, Julio Bisócoli, Guido Giandana, J. C. Balta, R. Fabre, H. Gómez y varios más. La mejor forma de atraer adeptos era la búsqueda de gente amiga y sus relaciones. La punta fue la Peña “El Dandy”. Eran personas que en su juventud habían sido caddies. Ya conocían reglamentos por lo que se allanó la senda. Les facilitaron medios y días para jugar. Todo un éxito. Aún más. Estos recién incorporados, contagiaron el Golf a muchos más. Entre esos primeros incorporados: Omar Edelio Palazzo, los hermanos Ricardo y Eduardo Pastorino, Carlos Zunino, Andrés Álvarez, Cabrera, Santos Salomone. Y al poco tiempo el club tenía socios de la zona. De localidades como Alberdi, General Pinto, Roberts, General Villegas y hasta de Buenos Aires. Otra tanda de ingresados fueron ex caddies que resultaron verdaderas revelaciones como Jorge Omar Villarreal, varios años campeón del club, y otros destacados como Silvera, Florido, Luis Vizzo, Oscar López, Nelson Ramos, entre otros. Deportivamente y de correcto comportamiento fueron felices incorporaciones.”

Torneos y personalidades

Había dos torneos tradicionales con Junín. Copas Indart y Blanc. También los que se jugaban en Libertad e Ituzaingó, y de cuyos clubes vinieron primeras figuras de la época como amateurs: Daneri, Barreira, Fernández, Echeverría, Llanos, Frascarelli, Giacatarino, Ronzano, Park y otros.” (6) Embajadores El Dr. Tomy Castro (Embajador de Filipinas); Sr. Harry Bullock (Embajador de Australia). En 1992 estuvo el embajador de Irlanda, D. Bernard Patrick Davenport, quien fuera agasajado en la Sede del Lincoln Golf Club el 7 de noviembre de ese año. Se disputaron las Copas Gran Premio de Irlanda y Almirante Brown. Participaron golfistas de descendencia Irlandesa y locales. Profesionales que visitaron el Lincoln Golf Club En 1971, Antonio Peralta, cumpliendo una destacada actuación en la cancha linqueña. Era el séptimo ranqueado en el ranking argentino y batió el record de la cancha con 65 golpes (-5). En 1972, Juan Carlos Núñez. Una de las mejores expresiones en el orden nacional. En 1972 también llegó al Lincoln Golf Club el recordado Domingo Ronzano. Un profesional que ejerciera la docencia de la institución linqueña dejando gratos recuerdos. Roque Ronzano En 1985 llegaría al Lincoln Golf Club el profesional Daniel Calgaro, desde la ciudad de Rosario, asumiendo un rol protagónico en la convocatoria de nuevos jugadores para Lincoln. Y también pasaron instructores de variada edad y calibre como Juan Donking, el amigable Tito Sotelo, Martín Zabala y Luis Ronzano, entre otros. De Vicenzo En 1968, la cancha del Lincoln Golf Club se vio prestigiada con la presencia de una figura argentina de resonancia mundial como fuera el maestro Roberto De Vicenzo. Golfistas linqueños y de toda la región se dieron cita para apreciar la maravillosa técnica golfística. Su agradable presencia, modestia y de fácil comunicación, fue un deleite para todos. Su clínica de golf con sus intrincados secretos del manejo de los palos, la precisión del golpe, fue entre otros aspectos su magistral clase teórico práctica. De Vicenzo venía de ganar el Abierto Británico en el año 1967 (Hoylake), y un año más tarde sería protagonista de una resonada historia para el golf mundial, al firmar mal la tarjeta y quedar afuera del play off final por la chaqueta verde en el torneo de Maestros que se juega anualmente en Augusta National. Fernando Chiesa Sin dudas una gran visita tuvo el Lincoln Golf Club cuando uno de los mejores golfistas amateur argentinos de todos los tiempos jugara en el trazado de 9 hoyos. Haciendo gala de su precisión con sus drives y los tiros al Green, el golfista paseó por la cancha linqueña, unos años antes de que germinara el proyecto de los 18 hoyos propios. Ricardo González Dos veces visitó el Lincoln Golf Club. La primera vez, en el año 2011, formó un equipo con el presidente Carlos Marchio, enfrentándose a Ernesto T. González y Marcos Ameriso, pero la lluvia impidió el progreso del match luego de siete hoyos. Configurado en el firmamento golfístico argentino como uno de los máximos exponentes actuales del profesionalismo, Ricardo González aportó humildad y sencillez a la hora de hacer disfrutar a todo el público presente en la lluviosa jornada de este maravilloso juego que es el golf, durante su visita a Lincoln. Hablar de este verdadero coloso es mencionar el poder de su swing, su stance de hombre de hierro, y la pasión que emplea hasta en la elección de cada tiro o en el ida y vuelta con los espectadores que no podían unificar un criterio para pedir: “Tirala con pool”, decía uno; “baja y con slice”, apuraba otro; “por arriba de la planta”, insistía el más temerario. Él giraba su cabeza y asentía a cada uno de los ocasionales oradores, y preguntaba: “¿Estás seguro?”. Al fin consensuaba un golpe y de a poco los iba satisfaciendo. Dejando siempre las pelotas muy cerca de las banderas. Aunque se podría sintetizar la comunión que hubo ese día en el Lincoln Golf Club, diciendo que en la ejecución de la madera tres en la salida del hoyo nueve ya tenía a todo el público en el bolsillo. Y así se acercaba él mismo a un grupo de jugadores, o a los empleados de la cancha, o a los curiosos que buscaban esconderse de la lluvia bajo un paraguas, para conversar generosamente. Y las apreciaciones y los elogios a la cancha no se hicieron esperar: “Qué buen green, aunque tiene mucho movimiento”; “habría que poner un cross bunker aquí”; “esto está muy bueno”; “acá se podrían poner unas cortaderas”. Así jugó durante todo el tiempo que permitió la lluvia, hasta que aparecieron los amenazantes refucilos, a partir de lo cual rápidamente la gente se fue hacia el club. Habían pasado tan sólo 7 hoyos, pero los corazones estaban repletos de felicidad. Así se llegó a ese sagrado hoyo 19, en donde una vez más brilló la calidad de ser humano que es Ricardo González.

Los nueve nuevos

Sin dudas que al relevar hechos significativos para la historia del Lincoln Golf Club, un mojón ineludible será la concreción de un sueño de muchos golfistas linqueños de primer nivel: la cancha de 18 hoyos. De día, por la mañana o la tarde, en camioneta o a bordo del Peugeot 404 blanco se lo veía a Ernesto Ceferino González recorriendo unos terrenos marcados por los huellones de la Champion o la Retroexcavadora, en donde contaba con singular entusiasmo cómo quedaría tal fairway o hablaba de las caídas que tendrían cada Green. Fue una ceremonia merecida. Esperada. Es que una gran parte de los golfistas ya se había preparado con todo para el 1 de mayo. Pero fue entonces cuando el mal tiempo obligó la postergación. Y en este último fin de semana otra vez parecía que se venían las lluvias. Sin embargo aguantó, y la neblina fue sólo para la anécdota. Al fin, casi sobre las 11 de la mañana del domingo 15 de mayo, autoridades del Lincoln Golf Club, de la Municipalidad de Lincoln, de la Federación Noroeste de Golf, de la Asociación Argentina de Golf, golfistas y público en general, fueron testigos de una jornada histórica: el corte de cintas, que deja institucionalmente inaugurada la cancha linqueña. Luego de las palabras de Ernesto Teodoro González, vicepresidente del Lincoln Golf Club, y del intendente de la ciudad de Lincoln, Jorge Abel Fernández, familiares y amigos de Ernesto Ceferino González, procedieron al tradicional corte de cintas. Tras lo cual se descubrió una placa en madera que llevará el nombre del mencionado Toto, junto a una frase que ha repetido a sus entrenados una, cien y mil veces: “No dejes nunca de intentarlo”. Ahora sí, los dirigentes de este momento altamente significativo en la historia del deporte de los palos y la pelotita, deberán continuar trabajando para las próximas generaciones, sin mezquindades, apostando con el corazón a ir siempre por más, en esto de hacer un club cada vez más grande e importante. Con mayor matrícula y mejores jugadores cada día; con una escuelita de golf que sigue apostando al semillero y obteniendo día a día cada vez mayores éxitos deportivos y humanos. En esta otra nueva etapa es en la que ingresa el Lincoln Golf Club: la de seguir creciendo cualitativa y cuantitativamente. Héroes anónimos Mucho se ha hablado de la importancia de un buen campo de juego para el golf y nadie puede negar que ante una gran presentación y en la puesta a punto de los detalles, florecen los buenos scores. Pues bien, a pesar de carecer de una imagen que los contenga a todos, vaya aquí nuestro humilde homenaje a Alfredo Bustos, José Ceballos, Ramón Bruno, Santiago Faccioli, Leonardo Roldán y Guillermo Bustos, quienes son los trabajadores del club que más horas dedican a cortar greenes, fairways, y tees de salida. Ellos también son los protagonistas de este momento histórico y fundacional del Lincoln Golf Club. “Buenos días a todos, gracias por poder estar en un día tan importante para el golf y para la ciudad de Lincoln. Hoy no es un día más. Hoy es la culminación de un sueño que comenzó hace mucho y que prácticamente imaginamos como una utopía. Se juntaron dos personas. Una más loca que otra. Una le dio la idea y la otra la posibilidad. Y normalmente de esas cosas, salen cosas distintas. Una cosa distinta es que una ciudad como Lincoln tenga una cancha de 18 hoyos con todo lo que eso significa. Y de esta manera queremos agradecer, porque creemos que es el momento para hacerlo, a todos los que trabajaron por concretar el sueño de todos. Tal vez esto hoy no sea comprendido en su total dimensión: que una ciudad como Lincoln tenga una cancha de 18 hoyos. Pero esto es sembrar a futuro. Esto es apostar a nuevas ideas, como lo es todo el desarrollo económico que significa para la región y hasta darle un sentido ecológico a una zona que no estaba en condiciones. De esta manera vemos que Lincoln ha trascendido. Los que amamos el golf sabemos que no es lo mismo tener nueve hoyos que dieciocho; y no es lo mismo para tratar de superarnos, jugar siempre la misma cancha. Cuando se sugirió que se le podría poner el nombre de papá a la cancha -yo lo había hablado con él en cuanto a que existía esa posibilidad y los que lo conocen saben cuál podría haber sido la respuesta: insultó y renegó, pero como así era de arrebatado para algunas cosas también era muy reflexivo y al cabo de unos minutos me sentó y me dijo: ‘Mirá Erne, no pueden ponerle el nombre mío porque el Lincoln Golf Club es una cadena que está siendo integrada por muchos eslabones, y el destino o Dios ha querido que nosotros seamos el último, pero es nada más que eso porque antes que nosotros mucha gente hizo muchas cosas por el golf’. Cuando mi papá fallece y se hace cierta la posibilidad de ponerle su nombre, hice las consultas a mi familia y lo hablé con el Presidente Carlos Marchio quien me dijo: ‘Erne, ya está. No hay nada para debatir. Desobedezcamos una vez más al Toto y démosle la posibilidad de que su nombre y todos los que lo quieren y quieren al golf a través de él, podamos compartir muchos y gratos momentos’. Esto no es solamente para estas generaciones sino que es para el nieto de Jorge Villarreal, para Tiago (Raggio), y a todos los chicos jóvenes que aman este deporte y entienden que el golf es un deporte de caballeros. No importa ganar, importa ser el primer juez y mirar a todos y decir Gracias. Chicos, estimados, muchas gracias por estar acá y pido un fuerte aplauso para el Lincoln Golf Club”, fue el discurso en la inauguración de la cancha completa, a cargo de Ernesto Teodoro González. Al tiempo que el Intendente de Lincoln, Jorge Abel Fernández, también dijo lo suyo en relación a este acontecimiento: “Un día, caminando por acá, me encontré con alguien a quien yo quería mucho. Porque él me había ayudado en alguna oportunidad, con cosas que sí estaban hasta en contra de sus propios principios. Y caminando juntos le dije: vamos a hacer algo juntos. Él me miró y me dijo: ‘¿qué querés hacer?’. Vamos a hacer a la inversa de lo que se pensaba hace 25 años atrás. - ‘Pero decíme qué…’. - Vamos a ampliar la cancha de golf. - ‘Un hoyo…’ - No. Vamos a ampliarla nueve hoyos. - Vos estás loco. Te van a matar… Ahí termino la anécdota para no terminar de contarla porque después yo digo que en la vida hay que superar circunstancias, situaciones, hay que mirar mucho más allá. Porque aquellos que critican se quedan en la crítica y no pueden construir absolutamente nada. No son hombres que puedan pensar en el mañana. Mientras se comenzaron con los movimientos de tierra, nosotros recorríamos y decíamos que íbamos a poner esto o aquello. Íbamos a poner tantas cosasa que a lo mejor íbamos a terminar de acá a 30 años. Pero lo bueno es que ninguno bajó los brazos. Lo bueno es que el Municipio colaboró con esto que decía Ernesto: será para los nietos de alguien, o algún nieto mío, o para los hijos de, será para todos. El hombre que gobierna debe estar a la altura de las circunstancias, el hombre que gobierna debe hacerlo para todos, más allá de las diferencias, los matices, los colores. Tiene que tener en claro que cada sociedad, casa lugar, se compone de cuestiones diferentes. Por eso yo elegí plantar un cedro. Creo que el Toto es un cedro. Más de una vez lo vi caminar por la avenida 25 de Mayo con un palito de golf en la mano. En momentos muy difíciles para el país, él le dedicaba muchas horas al tema del golf. Ojalá que hoy desde donde nos esté mirando se sienta feliz. Creo que es un acierto poner el nombre del Toto porque habemos muchos hombres y mujeres que amamos las cosas, pero otros las aman demasiado, y son estos los que se bancan las críticas y se bancan seguramente todo lo que tenga que ver con el despojo… Creo que hemos dado un paso fundamental”.

Homenaje a los que ya no estan

Nuestro homenaje a los que nos acompañaron y ya no estan